Ya sabes qué nota saca.
Ahora sabes qué no entiende.
Aulora pone a tu clase a practicar matemáticas con ejercicios que nunca se repiten y te devuelve, alumno a alumno, el mapa de qué domina y qué se le atraganta.
Tres cosas pasan
en cada sesión
No es un banco de ejercicios con una IA encima. Es un motor que mide, genera y programa el repaso por su cuenta.
Cada bloque del currículo tiene su propia estimación de nivel. El alumno deja de repetir lo que ya domina y deja de chocar con lo que todavía no puede.
Los ejercicios se construyen con parámetros en el momento. No hay banco que se agote, ni respuestas circulando por el grupo de clase.
Cada habilidad reaparece el día en que la memoria iba a soltarla, con repetición espaciada. El calendario de repaso lo decide el algoritmo, no el hueco del horario.
Lo que el alumno usa de verdad
Sin lecciones grabadas y sin puntos ni medallas. Ejercicios, corrección que explica y un progreso que se puede leer.
Tantos ejercicios como haga falta en cada habilidad, con tres niveles de dificultad y la resolución completa cuando se falla.
Evalúa por equivalencia matemática: los pasos hechos de cabeza no cuentan como error. Explica dónde se torció el razonamiento, no solo si está mal.
Fracciones, raíces y potencias se escriben como se escriben, no en una línea de texto llena de barras y paréntesis.
Le hace una foto al cuaderno y ya está corregido
El ejercicio del libro, la ficha fotocopiada, lo que ha resuelto a mano en clase. El alumno lo fotografía y recibe la corrección con la explicación del fallo, sin copiar nada a mano en un formulario.
Si llegó al resultado por otro camino, cuenta igual: se evalúa la equivalencia matemática, no el parecido con la solución del profesor.
Un mapa, no una barra de porcentaje
El avance se abre por bloque de contenido, por grupo de práctica y por habilidad concreta. El alumno ve en qué está sólido y qué tiene a medias, con ese nivel de detalle.
Y las familias reciben un resumen semanal escrito en castellano llano, sin jerga pedagógica ni gráficas que haya que interpretar.
Lo que ve el profesor
Sin instalar nada, sin licencias por alumno y sin migrar a los estudiantes a otra plataforma.
La clase entera en una pantalla
Cada fila es un alumno y cada columna un trozo del temario. Una columna en rojo significa volver a explicar mañana; una celda suelta, hablar con ese alumno.
Se despliega de bloque a grupo de práctica y de ahí a la habilidad concreta, así que la conversación con la familia deja de ser «va flojo en mates».
Creas la clase, repartes un código corto y los alumnos están dentro en un minuto. Sin altas manuales ni hojas de cálculo.
Un resumen semanal en cuatro dimensiones, listo para enviar sin que nadie tenga que redactarlo el domingo por la noche.
Contenido secuenciado con el BOE y el Decreto 65/2022 de la Comunidad de Madrid. Nada traducido de otro sistema educativo.
¿Lo probamos
en una clase?
Un grupo, un trimestre. Nos encargamos de la puesta en marcha.